sábado, 10 de diciembre de 2011

¿Las luces de la libertad?

E. Domínguez

El pasado viernes, la calle G fue cómplice de algo más que unas simples noches entre amigos y ron. Ya desde 23, la marejada de personas bajo la lluvia caminaba cuesta abajo en búsqueda de libertad y sin notar chubascos ni pájaros de mal agüero. Un concierto en plena calzada y de espaldas al malecón, brindaba un espectáculo único en favor de la juventud. A pesar del mal tiempo, X Alfonso revolvía el vedado con “Reverse”, su último disco.
A su vez, otro “espectáculo” bajo las sombras de la noche y a cubierta de la lluvia se libraba en mar abierto. Una flotilla de barcos comandado por uno de los miembros de Alpha 66 y Omega 7, se dirigía hacia las costas de La Habana, según ellos, para que los cubanos presenciaran “las luces de la democracia”...
Posiblemente parte de la multitud que cundió de júbilo los alrededores de la calle Calzada, ni idea tenía de dicha flotilla. Y seguramente, como todo buen cubano despistado, había quienes no sabían ni el objetivo del concierto de X Alfonso. Unos seguro pensaban que se debía al día internacional de los derechos humanos, otros a un aporte de la revolución a la juventud y al divertimento social, y seguro, no faltaron quienes ni se tomaban el trabajo de poner su mente en función, a esa hora de la noche, y en medio de semejante festín de música cubana, algún razonamiento detectivesco.   
Lo cierto es que pese a la conflictiva idea que tuvieron nuestros vecinos, la maravillosa propaganda de sus medios de difusión, la batalla en grupos de redes sociales y demás, el propósito de transmitir e instigar un movimiento dentro de la población habanera, que se revelara y terminara en huelga para exigir libertad, fracasó.
En cambio una marejada de personas inundaba parques, calles, aceras… y subía por los muros de los edificios colindantes hasta las azoteas. La masa de cubanos en los que se encontraban, estudiantes de la Universidad de La Habana, UCI, Lenin, Camilitos… y personas de demás edad, permanecían bajo un torrencial que aminoraba con el paso de la noche.
Más que fuegos artificiales y calderos, se escuchó un sinfín de canciones; se vio un espectáculo de luces, humo y cámaras; y se sintió más que nada, la presencia del espíritu de miles de cubanos.
Hoy la prensa de Miami transmite todo lo contrario de lo sucedido. Sus titulares busca recompensas muestran imágenes de una habana enfilada en luces y un buen trabajo de Photoshop que ofende nuestro intelecto. A pesar del twitazo que removió las entrañas de disidentes en el exterior y la muestra de festividad y campechanía a favor del día internacional de los derechos humanos, quedaron quienes a costa de reputaciones malgastadas quisieron dar el gran palo periodístico.
No se dejen engañar, solo un destello de luz, un resfriado, y un chaparrón de lluvia, fue el resultado que se llevaron los miembros de la tripulación de la “libertad”. Bueno, eso dicen algunos, realmente yo, ni el destello vi.   

Emigración en Cuba: primeros pasos

Harold Cárdenas Lema

El tema que voy a tocar hoy es sencillamente desgarrador; encierra en sí dramas familiares, incomprensiones, separaciones indeseadas y muchísima nostalgia, tanto del que se marcha como el que se queda.

Durante años se vio al emigrado cubano como un paria, un indeseable o un traidor, incluso cuando las personas se marchaban por reunificación familiar o razones semejantes, si era militante de la juventud o el partido comunista, se efectuaba una reunión entre sus compañeros para rechazar y condenar su actitud “traidora”. El presente es otro, Raúl prometió cambios en el sector migratorio y doy por seguro que los cumplirá, como ha hecho paulatinamente en otros sectores de conflicto de la realidad cubana.

Pero así fue durante muchísimo tiempo, nuestros padres vivieron los sucesos del Mariel, vivieron los numerosos actos de repudio y el rechazo social que sufría quien se marchaba o tenía un familiar fuera. En un currículum de mi padre llegué a encontrar la aclaración siempre necesaria: “tengo familia fuera del país, con los que no tengo NINGÚN LAZO”.

Esta situación definió un abismo entre la parte de mi familia que emigró y los que se quedaron en Cuba, se cortó el cordón umbilical y nunca más supimos los unos de los otros. Hubo casos peores, de personas que se marcharon a vivir bajo otra bandera y por ello se les acosaba o sus familiares, luego regresaban en los noventa convertidos en la panacea y tabla salvadora de aquellos que dejaron atrás.

Además resulta curioso que muchos de los extremistas que los abuchearon a su salida con el paso del tiempo resultaran ser los oportunistas que luego se marcharan también. Este asunto es demasiado complejo como para analizarlo en tan pocas líneas, pero siempre me he cuestionado qué posición hubiera tomado yo en aquellos años, ahora me parece algo bárbaro el repudio que se le hizo al emigrante pero… ¿hubiera podido yo hacer otra cosa en ese contexto? Confieso que tengo muy poco familiar fuera, pero esta cifra palidece junto a los amigos, grandes amigos, que se marcharon y posiblemente no vuelva a ver jamás.

Ahora me tomo un momento para citar la Wikipedia en lo concerniente a este tema: “casi toda la historia de la humanidad es la historia de las emigraciones. Suponiendo que el Homo erectus haya aparecido en África, el resto de la población mundial es descendiente de emigrantes…” Así que los cubanos ni inventamos el asunto ni somos los más destacados en este, pero no cabe duda alguna de que en esta isla se habla mucho al respecto.

Aunque no tengo cifras al respecto estoy seguro que son muchos los que se marcharon por diversas vías, más aún en los años de mayor escasez, pero la gran mayoría tiene algo en común: la nostalgia de lo que se deja atrás. Es que los humanos no podemos hacer tabula rasa de nuestras experiencias anteriores, y por más que los tiempos pasados hayan sido duros con nosotros, nuestra mente tiende a conservar y atesorar siempre lo positivo por encima de lo negativo.

En lo personal, la palabra emigración para mí tiene un componente de ruptura, dolor y dramas que he conocido desde hace años, pero para otros este es un asunto venturoso, anhelado y con un significado muy distinto. No podemos confundir tampoco este asunto con el tema de los viajes, los cubanos traemos intrínseco un componente aventurero en nuestra biología que se canaliza a menudo con el ansia de viajar, más aún los jóvenes por las características propias de la edad. Ignorar esto último sería un craso error, lástima que esto se haya politizado mucho al punto de convertirlo casi en cliché, pero ya al tema de la emigración joven en Cuba nos hemos referido antes.

El problema principal en este asunto radica en las relaciones políticas entre Cuba y el gobierno de Estados Unidos, que excepto algún que otro período en que se han efectuado encuentros entre ambos, tienen una diplomacia muy tensa y que a veces raya en el absurdo. Los yanquis han alentado desde décadas una emigración fuera de la isla que justifique sus campañas y desestabilicen al gobierno cubano, por su parte los cubanos vivimos nuestro propio período macarthista en aquella época que se lanzaron huevos que buena falta nos hicieron después.

Una y otra parte han cometido errores pero la diferencia radica en qué posición se toma con las experiencias del pasado, hoy en día Cuba cambió radicalmente su discurso sobre el fenómeno migratorio y cambia cada vez más su posición respecto a los que decidieron marcharse, obviamente aprendimos que las políticas excluyentes hacen más daño que beneficio a la Revolución. ¿Qué aprendió los Estados Unidos? Poco o nada parece, mientras Obama flexibiliza un tilín las limitaciones de viajes a Cuba, senadores y representantes de su gobierno mueven cielo y tierra por aumentar las distancias entre las orillas. Una política separatista y divisoria que durante más de cinco décadas no ha funcionado, pero se sigue aplicando por la inercia intencional de algunos intereses en Miami principalmente. Estos fenómenos rompen toda lógica, pero no asombran en absoluto cuando se habla de esta islita en la que ocurre de todo.

Por nuestra parte quedan muchas cosas por cambiar, algunas de nuestras leyes migratorias convierten a los emigrados cubanos prácticamente en exiliados, al despojarles de la posibilidad de visitar Cuba (igual que hacen los EU con los cubanos que viven allí), también ocurre que se convierten en propiedad estatal todas las pertenencias que dejan estos en la Isla, sin que su familia tenga derecho a estas, una especie de rapiña que ya comienza con el pie izquierdo la relación entre el futuro emigrado y el gobierno cubano.

Estos y otros asuntos espero sean resueltos en los próximos meses, los yanquis seguirán aplicando medidas para perjudicarnos y sobre eso no podemos hacer absolutamente nada, pero sobre las cosas que sí podemos cambiar nosotros acá, sería imperdonable que no hiciéramos nada al respecto. Quisiera terminar parafraseando a Carlos Varela recordando que “detrás de todos los gobiernos, de la frontera y la religión, hay una foto de familia” y finalmente dedicarles estas líneas a los amigos que se marcharon, y recordarles que lo seguirán siendo… donde quiera que estén.

viernes, 9 de diciembre de 2011

¿Estimulación o pago por esfuerzos realizados?

E.Domínguez 

Una de las cuestiones a seguir y que más interesa al pueblo cubano es el tema de los salarios. Entre las ideas planteadas por el compañero Raúl se encuentra el problema de la eliminación de los subsidios innecesarios, los cuales solo traían pérdidas al país y a la sociedad.
Esta nueva disyuntiva generó una polémica ya que excluye las estimulaciones de cualquier tipo, incluidas las prebendas de casas u hoteles para vacacionar. Tiene como visión futura su eliminación total y trae como beneficio la reestructuración de fondos económicos para el disfrute del trabajador según su capacidad en el desempeño laboral.
Antes, en la mayoría de los trabajos, la lista extensa de personal paralizado solo producía para mantener una economía pobre. Es cuestión de lógica, demasiados platos para una mesa. Y en muchos casos, hacía falta disponer de la mitad de personal para realizar la faena. Ahora, que estamos empezando a trazar un camino, solo falta la disposición de esa otra mitad para obtener buenos resultados.
La liberación de plantillas y la llegada de más de 300 mil trabajadores por cuenta propia dan un pequeño respiro al Estado, el cual tenía a sus espaldas la mantención de muchos de estos puestos, la mayor parte de ellos, innecesarios. Esto da la oportunidad a cada cual de crear su propio camino y sentirse útil ante la sociedad, reajustar así el modelo económico y disponer de aquellos que quedaron en sectores laborales. Si en el pasado nos conformábamos con hacer únicamente algo más de lo establecido, hoy la meta para nuestra verdadera gratificación la deben poner nuestros bríos. A mayor producción, mayores serán los logros obtenidos y mayor nuestro beneficio.
Entonces llegamos a la pregunta ¿estimulación o pago por esfuerzos realizados? Desde hace décadas existen diferentes tipos de estímulos. Porcentaje adicional al sueldo de trabajo, cestas con productos de aseo y otros, playas o centros vacacionales por parte de organizaciones como la CTC, PCC, UJC… Hay personas que por su gran labor y dedicación al trabajo merecen ver recompensado su esfuerzo mediante estas posibilidades, pero también existen quienes gracias a su picardía y su largo brazo para maniobrar situaciones delicadas caen en la misma lista. En la noche, todos los gatos son pardos, y a la hora de la verdad, el amiguismo y las acrobacias ponen en el mismo saco a cualquier especie, incluso a los más vagos. Esto a su vez trae como consecuencia, rencillas y peleas en un colectivo, que degradan a la especie humana al más bajo nivel, y lo retornan al primer ancestro de la cadena evolutiva.
El pago por esfuerzos realizados trae consigo la eliminación –no de las supuestas “estimulaciones gratificantes”-,  sino de todo mal que pueda perjudicar al hombre en su empeño por prevalecer en plena jungla, separando por completo a las personas de la cesta, dando la posibilidad a cada cual de demostrar su real valía. Es decir, donde antes había diez ahora hay cinco, con una parte del salario recuperado, aumento a los que quedaron y con lo otro se diferencian sus ganancias.
El pago no es más que la vigente frase “a cada cual según su trabajo y su capacidad”, no puede ser dirigida por sentimientos, más bien su imparcialidad debe ser rígida ante opiniones de favoritismo o tradición, para que no permanezcan los mismos resultados a pesar de que varíe la capacidad y el esfuerzo del trabajador.
Si damos este paso,  ya no puede quedar ningún oportunista que maneje la situación a su antojo para obtener un mérito. Caer bien, ganarse al jefe o comprar su atención a base de facilidades carismáticas, solo servirá para mejorar las relaciones laborales, tampoco podremos exigir una tarde soleada en una playa, pues solo los resultados medirán el alcance del placer a disfrutar. El trabajo duro y real será el benefactor principal que nos guíe por el camino hacia nuestros sueños.